jueves, 17 de marzo de 2011

Tocados por la Vida


Mi hijo, nació el 20 de marzo de 1997, uno de ellos. Yo siempre digo, el día que acaba el invierno y empieza la primavera. Y es que así es. Con él acabó el invierno.
Ahora él es aquello que dejé de ser yo cuando nació, adolescente. Esa época extraña en la que el mundo circula a tu alrededor y, como ombligo huérfano,  andas por inercia sin respuestas a tus preguntas, delante de mil injusticias maternas y paternas que, desgraciadamente, no comprenderás hasta cerrar el círculo, sea siendo padre o madre o madurando cual manzanita a punto de ser deborada.

Hoy fui al registro civil a buscar su partida de nacimiento y me ha revuelto. Me ha revuelto ver la firma de su padre y la mía juntas, los trazos de aquel bolígrafo, el tiempo que pasa… Miro a mi pequeño de tres y a veces me parece verlo a él. Era ayer, lo juro, siento que era justo ayer que Christian y yo pintábamos murales gigantescos en el salón con papel kraft. Aún tengo la camiseta aquella en la que gravó sus manitas. Eran tan chiquitas…


En mi revuelta emocional  me han pasado, como quien se muere, las miles de cosas que han sucedido desde que él nació. Las lineas de mi mano han cambiado. Mi corazón ha volado como un pájaro  que tiene las puertas de su jaula de par en par. He querido mucho y aún no sé lo que es odiar, aunque tengo la teoría de que debe ser lo mismo.
Preparamos fiesta para este fin de semana, mi pequeño ya ha decidido que el pastel lo haremos entre los dos y que las velas las soplaran juntos.
Y así se va acabando este invierno, que aun con la lluvia me parece que huye silencioso, después de tanto ruido.
La primavera se prepara a fuego lento en el Atelier y solo hacen que salirme flores…

LoVe


2 comentarios:

Siloca dijo...

No se que teclas tocaste hoy que me hiciste llorar...

BIMOBEBE dijo...

Que disfruteu molt aquest aniversari. Ptonets.