miércoles, 20 de abril de 2011

El Juego de la Oca



Llego a mi playa, la hija de la dueña de mi casa se sienta en el borde  de un porche de chiringuito a hablar por teléfono mientras mira a sus dos pequeños jugando a palas y revolcarse en la arena. La playa está, como siempre y a pesar de ser semana santa, vacía. Solo una cometa en el cielo, solo mi compañero que invita al resto de la familia a pasear por la orilla mientras le doy al teclado. En conjunto, parece un sueño. Mi casa cerrada, como esperándome. Hace ya tres meses que nos dieron fecha para septiembre “una chica la alquila en abril y se marcha a final de agosto”, nos dijeron. A veces la veo tan cerca y a veces tan lejos... aquí estoy, mirándola de nuevo.
Vengo directa desde Mercantic. 



De allí hasta aquí hay unos cuarenta minutos. Hoy han cambiado los peajes, aún no tengo claro si sale más caro o más barato, o igual, quizás un día aprenda a llevar mis cuentas. El camino, en primavera, maravilloso. Las amapolas han estallado y Vilafranca se levanta bonita desde la autopista, parece un pueblito encantador desde aquí. Me cruzo con algún tren y eso me divierte. Parece que no tengo prisa por llegar a ninguna parte, pués parece que tengo una certeza innata de saber que llegaré. A Francás, a París de nuevo, a él, a ti, a todo aquello.
Llegar parece la meta y sin darnos cuenta llegamos continuamente para establecer de nuevo llegar.
Mi trabalenguas viene a que ayer, en la casita de Comarruga, que no la de Francás, me encontré muy gratamente con mi mejor amiga de la infancia. Parece extraño por que la veo igual ¿cómo puedo ver igual a una persona de 34 años que antes tendría 6 o siete o diez? ¿Cómo puede ser que nos sigamos entendiendo como si nada hubiese pasado? Fuimos de compras al Eroski, me contó su periplo Yoguístico y su felicidad de caminar, como si estuviese en una llegada permanente. Compramos mi café querido, mis quesos amados y judías y patatas para la ensaladilla rusa. Nos compramos mutuamente el cariño que nos profesamos, contándonos aquellas cosas que solo le puedes contar a quien no te falla. Después su compañero me ayudó a arreglar mi cortacésped (es que además de amiga era mi vecina directa), y me dijo sobre ella “son trece años y me he dado cuenta que sin ella mi vida es mucho peor”. Y esa frase de viejito casándose por tercera vez con la misma mujer me sonó a bonito. 


Esta santa semana de sin colegios, idas y venidas, la tengo repleta de  reuniones y cuestiones laborales por cerrar. Esta mañana cierro mi workshop con Gratacós, y después, tengo una reunión con una casa importante de novias, mi maleta lleva muestras de ello elegidas con sumo cariño.


Me hace gracia, yendo y viniendo, de paraíso a paraíso, Me da que alguien mucho más grande que yo tira los dados en mi juego de la oca con mucha suerte. Mis casillas me gustan. Es más, cuando caigo en la casilla mala solo me cabe esperar. Por que, para bien o para mal, queridas, todo pasa.

4 comentarios:

lorda dijo...

oh!!! petiteta fa dies que t'espero i "que no que annita té feina" per fi un conte.
M'encanta llegir-te guapa i ja ho saps
Espero impacient les tenes arribades, o anades i vingudes, dona igual.
Que les cosetes al aire es tanquin si et fa feliç, un petonet guapa
lorda

BIMOBEBE dijo...

I ja veuràs com en qualsevol moment, hi haurà un d'oca a oca i tiro perquè em toca.
Que disfruteu molt aquesta Setmana Santa !!!
ptonets

anna blau dijo...

gràcies guapes! ens veiem aquest finde?

eva dijo...

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