jueves, 22 de diciembre de 2016

El Amor en la Nieve

Esto le ha pillado como le pilla al nido los desnudos de otoño,
se ha quedado en ramas.

Desguaza un pasado como si no fuera el suyo. Erosionada como la isla después  de diez años, casi desconocida. 
Y al volverse a ver:


 “encantada de conocerte, deja que te mire y cómo hemos cambiado”

Un carboncillo bajo la ceniza del día después ¡traidor! débilmente prendido en un contenedor de orgánico.

La gran hoguera más tarde, qué decirte, ni si quiera su belleza es cosa de una traición, aunque ardiente fuera, la traición, digo..
La hoguera va a su aire y quema, dejando horizontes de otra guisa, obligando a la fauna a sobrevivir y a construirse a la larga otras floras. ¿Y qué fue antes, la flora o el fauno?



Toca desmentir un vericidio, vengar un bellicidio, soltar a los perros y a todas las bestias, que todas respondan de una vez a un grito y a la carga mis valientes.

Ya me dirás tú donde quedó aquello de hacer el amor sobre la nieve. 

Los desnudos en invierno son un infierno según cómo te pillen. Que a falta de pasión buenas son mantas, y aunque el invierno se esperaba, a ti no.



Cuando un globo de agua fría te estalla en la cara solo puedes disimular y secarte y seguir caminando como al que todo le va bien, incluso.

Dicho esto ha de volver por justicia al otoño que ha obviado.  Siempre a punto cuando todo está  para desvanecerse.  La gata flora llora a un otoño que ni miró.. Su abandono no duele, por supuesto que volverá.
Y el invierno es tan alto y tan guapo... 


¡el otoño ya fue y te aguantas!